jueves, 26 de febrero de 2009

El Santo entierro de la sardina en Aviles

Los del Santo Entierro lloran el final antroxero con profusión de coplillas en las que analizaron los acontecimientos del último año
El Charlot de la fanfarria «El Felechu» miraba su reloj impaciente: ya todo estaba listo para el fin de fiesta carnavalera en la plaza del Carbayo. Encaramados en lo alto de su carroza, los dignos miembros de la Cofradía del Santo Entierro de la Sardina repasaban sus coplas mientras refrescaban el gaznate, rodeados de viudas y de autoridades antroxeras. Y por fin, entre lamentos por la crisis que les dejó con un único micrófono y con una silla de playa rota, iniciaron su perorata, el testamento «que la Sardina dexó» y que analizó con rigor los acontecimientos del último año, desde la Presidencia de Obama en los Estados Unidos hasta la «carta de defunción» que dedican al Real Avilés. Entre letanía y letanía, una enlutada duquesa de Alba con leotardos de colores preguntaba angustiada por su Cayetana y por su Alfonso. Pero no aparecían por ningún lado.

El «testamenteru» de la Sardina empezó poniendo en tela de juicio aquello de año de nieves, año de bienes, y ofreció una metáfora global de la crisis: «Es la pescadilla que se come la cola, no ye un refrán, pero ajústase a la realidá». De la crisis pasaron las coplas a analizar la política municipal. «Pa Alvarín y la Varela, pa la Pura y pa'l Rañón, por sus luchas intestinas dexo-ys la dimisión. La misma dimisión dexo-ys pal Aréstegui y pal Peña, pa Villalba y pal Sabino por jetas y por ladinos». También hubo referencia a los que privatizan el agua, a quienes la sardina recetó «calderos de porcelana, que metan la cabeza en ellos y colgalos de la roldana».

Sin salir de Avilés, el testamento dejó «un marco muy laureado para Miki López semeyeru, por su gran exposición, por ser un gran reporteru». Y «la Isla de Perejil pa Santiago de regalo, con la de la Innovación, menudo palo le han dado».

No podían faltar en las coplas de la Sardina unas pinceladas de política nacional. «El palabreru de la bruja pa la ministra de Fomento, doña Magdalena Álvarez, estás en mi pensamiento». Y «el cuerno de la abundancia pal cejitas Zapatero, que se amarre bien los machos en cuestiones de dinero». La inspiración testamentera siguió durante largo rato, hasta que arrancó el luctuoso desfile para quemar la Vieya entre grandes lamentos. El Antroxu se ha acabado.

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