lunes, 14 de septiembre de 2009

Ayer se clausuraron las jornadas del comic en Aviles

Avilés es una ciudad de cómic. Y desde hace catorce años esta circunstancia se subraya cada vez en mayor medida. O, al menos, esto es lo que sostienen los responsables de las Jornadas del Cómic «Villa de Avilés», que el sábado se despidieron oficialmente con la vista puesta en el año próximo, el decimoquinto. Ayer por la tarde, sin embargo, se celebró un desfile en el que participaron niños de Primaria disfrazados de superhéroes.

Las Jornadas del Cómic -no se cansan de explicarlo tanto Jorge Iván Argiz como Ángel de la Calle, coordinadores del salón avilesino- nacieron para sumar: lectores, autores, géneros... En el encuentro de Avilés los autores se ponen detrás de un micrófono, bajo una luz cenital, en el auditorio de Avilés y contestan todas las cuestiones que los lectores les formulan. La lectura es un acto solitario, y, sin embargo, cuando llegan las jornadas avilesinas, todo lo aprendido se convierte en transacción: talento, admiración, viñetas... Los lectores de tebeos -ellos mismos se llaman «frikis»- aterrizan en Avilés cargados con mochilas, con álbumes de cuartillas, con estuches con rotuladores... Como vaqueros en un rodeo, cazan a los dibujantes más prestigiosos en busca del bosquejo del ídolo más sobresaliente.

Las terrazas de los bares del entorno de la Casa de Cultura se convierten en talleres en los que los artistas dibujan a destajo. Los lectores comentan sus apreciaciones con los dibujantes, a los que, generalmente, sólo conocen por el nombre que leen en la portada de los tebeos. Los lectores rodean a los autores y no pierden un detalle de los trazos del artista, un descubrimiento del camino que se debe seguir.

El salón de Avilés compromete a los autores invitados con una charla y luego les da toda la libertad del mundo para conocer a sus seguidores, para visitar la ciudad que los acoge... En otros salones, según comentaron los propios invitados, la agenda de actos está milimetrada: presentaciones, ruedas de prensa, más presentaciones, firmas de cómics, talleres...

El encuentro de Avilés es también una plataforma de futuros negocios. Jorge Iván Argiz ha asegurado en innumerables ocasiones que los dibujantes se allegan a la carpa de las jornadas con una selección de sus mejores dibujos y los muestran por doquier. Por Avilés pasan además editores europeos y norteamericanos. A la luz de la luna avilesina se han forjado proyectos que el tiempo ha hecho realidad. Los «G. I. Joe» han viajado a Avilés y en esta ciudad han desarrollado una de sus aventuras.

Una de las singularidades más marcadas del cómic es una paradoja: el cómic nació como género popular, pero, al tiempo, cuenta con con un número de aficionados muy especializado, casi expertos. Ellos han sido los que este año han disfrutado con la presencia de autores como Herb Trimpe, el cocreador de Lobezno; Scott Hampton, uno de los artistas más singulares del momento (suma la pintura a las viñetas), y los españoles Rubén Pellejero y Miguel Ángel Martín, creador de ese monstruo tan aplaudido como Brian the Brain... Así hasta casi dos decenas. Nueve de ellos dibujaron para LA NUEVA ESPAÑA.

Fallaron en su visita a la villa unos pocos invitados. El maestro del terror, Steve Niles, de nuevo -y ya van dos años seguidos-, se quedó en casa. La alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, destacó en la recepción oficial que la próxima edición, la del año de la inauguración del Niemeyer, «será la más grande».

La carpa de las Jornadas del Cómic se convirtió ayer en el cielo que sobrevoló una decena de superhéroes salidos de los colegios de Primaria -algunos, en la imagen-. Paula Bartolomé, concejala de Juventud, presentó la pasarela de cómic, por la que desfilaron personajes tan heterogéneos como Darth Vader, Obi Wan Kenobi, una bruja y hasta tres Spiderman.

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